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Se habla de la sociedad consumista. Todos hemos dicho cien veces: “estamos en una sociedad consumista”. Pero hablar de una sociedad consumista no es lo mismo que hablar de una sociedad en la que todo el mundo consume, porque es lógico y evidente que todo el mundo tiene que consumir siempre algo para poder sobrevivir. Una sociedad consumista es aquella en la que las gentes consumen bienes fundamentalmente superfluos. Es decir, es una , y en la que además el consumo legitima la política y legitima la economía.
Así, pues, una sociedad consumista es aquella cuya dinámica central está constituida por los bienes de consumo superfluos; y en la que, además, la gente cifra su éxito y su felicidad en ese consumo. Esto es lo que ocurre en nuestras sociedades, en las que las gentes están convencidas de que tener éxito es poder lucir coches, vestidos, etc. Y esto es además lo que les proporciona felicidad. No es que la gente piense esto demasiado reflexivamente, pero es lo que realmente tienen en la mente. Por eso podemos decir que estamos en una sociedad consumista. Estamos en la era del consumo porque el consumo está en la médula de nuestras sociedades. En ese consumo “vivimos, nos movemos y somos”. Nos parece que es lo natural y que lo artificial es cambiar ese estilo. Lo natural es que uno sale y se toma un refresco y entonces uno se compra esto, y se compra lo otro… ¡es lo natural!
Fijémonos en el mecanismo de nuestras sociedades. Cuando llega Navidad la gente empieza a recibir, cada vez con más frecuencia, una serie de catálogos de tiendas en los que se explica todo lo que uno puede comprar. Ya no aparecen belenes, aunque sí Santa Klaus, porque es el que trae los regalos que ahora llegan también en Nochebuena… y después vienen los Reyes, el 6 de enero, con lo cual los regalos se multiplican infinitamente. Y resulta que, lo que a la gente le llega como anuncio de Navidad, no es el nacimiento del Niño sino catálogos para poder comprar. Y si a alguien se le ocurre, al llegar las Navidades, no entrar en esta dinámica y no regalar nada a la familia, al que te hizo un favor, al vecino... queda absolutamente mal y se convierte en un proscrito desde el punto de vista social. Se ha conseguido con esto que todos los rituales estén mediatizados por regalos y que la gente consuma.
Si tenemos que ir a buscar trabajo no podemos ir con una indumentaria cualquiera. Hay que ir un poco bien. Y es absolutamente imposible conseguir un buen negocio si no llevas un coche algo decente. Y de pronto nos damos cuenta de que toda nuestra vida está impregnada por el consumo de bienes que cuanto más costosos son, mayor éxito y mayores posibilidades ofrecen.
LAS MOTIVACIONES DEL CONSUMO
Surge entonces el tema del “consumo emulativo”. La emulación es la principal fuente de consumo. Esta cuestión está perfectamente estudiada desde la teoría de Vebfen sobre “la clase ociosa”. Queremos tener lo que tiene el vecino, queremos tener lo que aparece en TV como propio de una clase social ideal a la que quisiéramos pertenecer.
Otra motivación del consumo, aparte del afán de emulación, es el afán de compensación. Cuando alguien se ha llevado un disgusto dice: “Pues mira, voy a comprarme una joya”. O esto que ahora se dice tanto: “Tienes que quererte más” y entonces viene la argumentación: “Es que me dicen que me tengo que querer más y me voy a ir a las Guayanas… y me pago un viaje porque me he de cuidar más, porque es que no me cuido…”. La cuestión es que hay que compensar una desgracia.
Y luego viene la famosa idea de la persona que quiere demostrar éxito. Este punto se basa sobre todo en economistas de la línea de Amartya Sen, economista indio, premio Nóbel de Economía en 1998. Dice este autor que lo que nos ocurre en nuestra sociedad es que hemos cambiado. En una sociedad secularizada, como la nuestra, ya nadie piensa que la salvación está en la otra vida sino que la salvación tiene que estar en esta vida. No hay nada más; todo se acaba aquí y hay que salvarse ahora, porque si no nos salvamos ahora después no hay nada. Pero ¿en qué consiste la salvación? Salvación quiere decir “éxito”. Y ¿en qué se muestra el éxito? En mostrar bienes de consumo costosos. Cuando uno llega a acceder a los bienes de consumo costosos, está demostrando que ha tenido éxito.Para las personas que creen que la vida termina aquí y que luego no hay nada más, es evidente que la salvación hay que buscarla aquí. Y salvarse aquí quiere decir tener éxito; y tener éxito llevar y tener todas estas cosas. ¡Qué maravilla!: “Yo salí del pueblo. Era el hijo de fulana y nadie me apreciaba. Ahora vuelvo con un cochazo y todo el mundo dice: ¡Qué éxito ha tenido fulano!”. La gente se da cuenta entonces de que “son alguien” y empieza la autoestima y la heteroestima, porque nos estimamos sólo según nos estiman los demás.
POR UNA ÉTICA CIUDADANA DEL CONSUMO.
Nuestras sociedades se han cansado de decir que creen en la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y como lo hemos repetido tantas veces pienso que alguna vez tendremos que tomárnoslo en serio. En esta declaración se dice que todos tienen derecho a la vida y derecho a un montón de cosas. Pero lo que es evidente es que en este momento hay una inmensa mayoría de personas que no ve satisfecho su derecho a la vida. Y el consumo tiene mucho que ver con esto. Por eso, lo que propongo es propiciar un consumo justo, y esto quiere decir universalizable; es decir, un modo de consumo tal que todo el mundo pueda consumir de esa manera.
Si decimos que no hay que consumir nada, pues nos morimos. Los bienes de consumo son necesarios y tienen muchas ventajas, pero estas ventajas tienen que ser universalizables. Vamos a ver si lo distribuimos todo de tal manera que todos podamos hacer uso de todas las cosas, y no digamos que otros no pueden usar coches porque contaminan, mientras nosotros seguimos haciendo el mismo uso de los coches... otorgándonos el derecho de usar todos los bienes que queramos y de decidir quienes no deben usarlos. Creo que tenemos que crear estilos de vida universalizables, que necesitan rebajar el nivel de consumo; es decir, crear clases medias universalizables. Ni la clase alta que somos los países desarrollados, ni las clases miserables, sino unos estilos de vida en los que la gente pueda hacer uso de los bienes de consumo más elementales y más felicitantes.

IMAGINE (JOHN LENNON)
A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.
JESUS LIZANO

Este chaval es un valenciano que se dedica, con lápiz, pluma y tinta, a hacer garabatos sobre el papel (o sea, a dibujar comics), y que además, ¡¡vive de ello!! Lo cual es una cosa harto difícil en España. También es el propio guionista de la mayoría de sus trabajos. La verdad, no conozco a ninguno más que pueda decir que se gana la vida con eso (haciendo guión y dibujos, ojo), salvando el caso del grandísimo Ibáñez, claro (A los del Jueves no los cuento, eso lo considero una revista, no un comic, por muchas viñetas que lleve). Sí hay autores españoles que hacen grandes comics, pero repito, que puedan decir que se ganan la vida con ello, pues no conozco más. Por favor, que alguien me corrija si me equivoco. Por supuesto, yo soy un fan incondicional suyo, si no ¿pa qué lo iba a poner en el blog? El año pasado (creo que fue el pasado, o si no
el anterior, yo qué se, si tengo memoria de pez) pude verlo en las jornadas del comic de Almería, y estuvo contando algunas cosas bastante interesantes: por ejemplo, él estudió Bellas Artes en la Universidad de Valencia, pero aprender aprender... pues no mucho, la verdad. Para eso de los comics tuvo que aprenderlo todo por su cuenta, o con la ayuda de otros amigos que tenían su misma afición y eran los que le aconsejaban: esa expresión mejor hazla así, o ese fondo queda mejor de tal forma... El tío es capaz de trabajar a un ritmo brutal para lo que es el oficio, ya cuando estudiaba se hacía una o más páginas al día, lo cual es una auténtica barbaridad para alquien que no se ganaba la vida con eso (ni la vida ni nada por aquel entonces); par
a que os hagáis una idea, un dibujante profesional debe sacar 24 páginas mensuales a lápiz, dedicándose de lleno a eso, pues es su trabajo. Entonces el chaval sacaba por lo menos el mismo trabajo, haciendo el guión, el lápiz y la tinta, y sin sacar un duro por ello. Aún así, tuvo que pasar muchos, muchos años dibujando, y dibujando, y creando historias antes de poder ganarse el pan. De hecho empezo editando el mismo sus trabajos, el primero con el dinero de la beca de la Universidad, y tras mucho tiempo y esfuerzo, cuando cualquiera hubiera tirado ya la toalla, consiguió hacerse un hueco en el mercado con el primer volumen de los Reyes Elfos, una obra basada en la mitología nórdica. Lo último que supe de él es que estaba trabajando para la editorial americana DC (sí, sí, la de Batman, Superman y toda la pesca). Aún tengo pendiente de leer mucho de su trabajo (del publicado se entiende, porque del que no ha publicado debe tener miles de páginas), pero recomiendo
encarecidamente la mencionada saga de los Reyes Elfos, además de otro comic que me encantó, Pulp Heroes, una historia de gangsters con mujer fatal y bajos fondos, todo incluido. La verdad es que si alguien se merecía triunfar en este mundillo (no digo que otros no lo merezcan también) ese es Víctor Santos, tanto por la calidad de su trabajo como por el esfuerzo que le ha dedicado desde que era un chaval. Si me fueran las moralinas ahora diría que es el ejemplo viviente de que todo gran esfuerzo tiene su recompensa, pero desgraciadamente habrá muchos otros que rebosan calidad y dedicación sin llegar a donde deberían estar. Y como hablo del comic, te hablo de cualquier cosa. Sin embargo me alegro de ver que al menos alguien lo ha conseguido. Ojalá yo tuviera tan claro lo que quiero hacer en mi vida y fuese capaz de poner tanto esfuerzo en ello.